Recuerdo, hace unos meses, una llamada con un cliente que llevaba dos años haciendo exactamente lo mismo. Mismo CRM, misma estrategia de email, mismas landing pages. Todo funcionaba bien. No había motivos para cambiar. La tranquilidad...
Me contó orgulloso que había aprendido la lección del shiny object syndrome. Que ya no se dejaba seducir por cada novedad que aparecía. Que había encontrado su fórmula y la estaba ejecutando sin perder el foco.
Le pregunté cuándo fue la última vez que había probado algo nuevo.
Silencio.
No me refería a implementar algo nuevo de forma definitiva. Le hablaba de explorar. De dedicar aunque fueran dos horas a la semana a entender qué estaba cambiando en su industria.
Nada.
Dos años repitiendo el mismo playbook mientras su mercado había cambiado dos veces a su alrededor. Se había tomado demasiado en serio aquello de ignorar el shiny object syndrome.
Prueba Ahrefs Webmaster Tools, su herramienta 100% gratis.
Con Ahrefs Webmaster Tools conectas tu Search Console y obtienes un análisis mucho más profundo de tu web. Usa Web Analytics como alternativa a Google Analytics, te dará una auditoría para encontrar errores y descubrirás las mejores keywords y links que apuntan a tu web.
Es gratis. Solo tienes que registrarte y conectar tu web.
Una advertencia que se convirtió en dogma
Evidentemente ese cliente del que te hablo ahí arriba no existe. Es un ejemplo con el que puede que te hayas sentido identificado. El storytelling tiene estas cosas.
En algún momento del pasado reciente, el síndrome del objeto brillante pasó de ser una advertencia razonable a convertirse en un mantra. Una especie de escudo protector contra cualquier cosa nueva. Una excusa perfecta para no moverte de donde estás.
"No, no vamos a mirar eso. Es shiny object syndrome."
"No vamos a probar esta herramienta. Ya sabes, objetos brillantes."
"Mejor seguimos con lo que funciona. No nos distraigamos."
Lo entiendo. De verdad que lo entiendo.
El mercado te bombardea constantemente con novedades. Cada semana hay una nueva plataforma, una nueva metodología, un nuevo software que promete revolucionar tu forma de trabajar. Es agotador. Y muchas de esas promesas son humo. Lo sabemos.
Es el fin de los [pon aquí tu profesión]...
Pero en algún punto pasamos de ser selectivos a ser impermeables. De filtrar bien a no filtrar nada. De desarrollar criterio a tener miedo.
Siento que eso es lo que hay detrás de muchas apelaciones al shiny object syndrome. Miedo a equivocarte invirtiendo tiempo en algo que no funcione. Miedo a parecer ingenuo delante de tu equipo. Miedo a admitir que quizá lo que llevas haciendo dos años ya no es la mejor opción.
La diferencia entre perseguir mariposas y ser estratégicamente curioso
Hay una línea muy clara entre dos tipos de personas.
Están los que saltan de una cosa a otra sin profundizar nunca. Ayer fueron los NFTs. Hoy es Claude Code. Pasado será... Cada mes una herramienta nueva. Cada trimestre una metodología distinta. Nunca profundizan en nada porque siempre están persiguiendo la siguiente novedad que les sacará de su incómoda situación actual.
Esos sí tienen un problema. Y ese problema tiene más que ver con la falta de foco que con una enriquecedora curiosidad.
Luego están los otros.
Los que tienen algo parecido a un sistema.
Los que dedican un porcentaje sencillo de su tiempo a explorar qué está pasando fuera de su burbuja. Los que leen, prueban, experimentan, y luego deciden con algo más de criterio qué incorporar y qué descartar.
Esos no tienen shiny object syndrome. Tienen curiosidad y disciplina.
La diferencia está en el método.
Los primeros reaccionan. Los segundos investigan.
Los primeros adoptan. Los segundos evalúan.
Un ejemplo concreto.
Cuando salió ChatGPT, hubo dos tipos de reacciones en el mundo del marketing. Los que inmediatamente quisieron meter IA en todo lo que tocaban sin parar a entender ninguna aplicación real, y los que dijeron que era otra moda pasajera y que ellos seguirían haciendo las cosas como siempre.
Ambos grupos se equivocaron.
Los primeros porque adoptaron de forma chapucera (entra 10 min a Linkedin y verás más de 20 ejemplos rápidamente). Empezaron a generar contenido con IA sin entender las implicaciones y sin pensar en cómo encajaba con su estrategia.
Empeoró la calidad del contenido en tu scroll.
Los segundos porque cerraron los ojos a un cambio que, poco tiempo después, ha transformado por completo cómo se trabaja en prácticamente cualquier disciplina creativa o analítica.
Había una tercera opción. La de las personas que dedicaron tiempo a entenderlo. Que probaron casos de uso concretos. Que evaluaron dónde tenía sentido y dónde no. Que incorporaron lo que funcionaba y descartaron el relleno.
Esas personas ativaron su radar.
Tu competencia está experimentando
Mientras tú quizás sientas que te proteges del síndrome del objeto brillante, hay alguien en tu mercado que está probando cosas nuevas de forma metódica.
Están explorando nuevos canales de adquisición. Están probando herramientas que les permiten hacer en dos horas lo que antes les llevaba dos días. Están experimentando con formatos que tú ni siquiera sabes que existen.
Y dentro de seis meses, cuando esas pruebas empiecen a dar frutos, tú seguirás haciendo exactamente lo mismo que hoy. Con la misma eficiencia pero con peores resultados, creyendo que estás siendo disciplinado.
Pero la disciplina necesita evolución.
Tienes que entender que el contexto en el que operas cambia constantemente, y que si tú no cambias al mismo ritmo, cada vez estás más desalineado con la realidad.
Piensa en cualquier canal que hoy consideres estable. Email marketing, por ejemplo. Hace cinco años, las tasas de apertura eran totalmente distintas. Los proveedores han cambiado. Las regulaciones han cambiado. El comportamiento del usuario ha cambiado. Las herramientas disponibles han cambiado.
Si hoy haces email marketing exactamente igual que hace cinco años, siento decirte que estás entrando en la obsolescencia más voraz que puedas imaginar.
Cómo convertir objetos brillantes en ventajas competitivas
Entonces, ¿qué hacemos?
Como en casi todo, en los sistemas está la virtud. Esto no lo dijo Aristóteles pero nos entendemos. Aquí va el mío, por si te sirve.
Primero, tiempo para explorar.
Cada semana dedico entre tres y cinco horas a leer, probar y curiosear. Mi lugar preferido para esto es X. No es tiempo productivo en el sentido tradicional, pero noto que me mantiene al día. También leo newsletters de gente que sabe más que yo en áreas específicas. Pruebo herramientas nuevas aunque no las vaya a usar. Miro qué están haciendo otras empresas en otras industrias.
Es inversión, no distracción. De ahí salen el 90% de las mejoras que luego implemento en lo que ya viene funcionando.
Segundo, criterio de evaluación.
Cuando algo me llama la atención, empiezo a pensar:
¿Esto resuelve un problema que ya tengo o mejora algo que ya hago?
¿El esfuerzo de aprenderlo y adoptarlo tiene sentido comparado con el retorno potencial?
¿Encaja con la dirección en la que ya voy o me desvía lateralmente?
Pienso en ello para mi rol profesional, y para mi rol autónomo.
Si la respuesta a las tres es sí, lo pruebo. Si no, fuera. A veces las archivo para revisar más adelante. Muchas cosas que descarté en su momento las retomé después cuando el contexto cambió. Claude es ejemplo de esto, sin ir más lejos.
Tercero, experimentación.
No apuesto mi casa de primeras. Hago pruebas pequeñas con poco riesgo. Si funciona, escala. Si no, aprendes y sigues.
Pero siempre estoy probando algo. Siempre hay un experimento en marcha. Siempre hay una pequeña apuesta activa.
Eso te mantiene flexible. Te permite adaptarte rápido cuando algo cambia en tu mercado. Y, sobre todo, te evita quedarte atrás mientras crees que estás siendo prudente.
El coste de no mirar es mayor que el coste de mirar mal
Volvamos al cliente de la historia inicial, el que me inventé a traición. Dos años haciendo lo mismo. Todo bajo control.
De repente un competidor empezó a usar un canal de adquisición que él ni siquiera tenía en el radar. Un canal que llevaba dos años madurando, que ya tenía casos de éxito, que era completamente viable para su modelo de negocio. Pero él no lo sabía porque había dejado de mirar.
Cuando se dio cuenta, ya iba tarde. Su competidor había construido muros inabordables. Conocía el canal. Tenía datos. Había optimizado procesos. Tenía resultados.
Ponerse al día le llevará el doble de tiempo y el triple de dinero de lo que le habría costado haber estado atento desde el principio. Spoiler: no lo hará. Probablemente criticará que su competencia usa IA y él es people-first.
Perderá.
Ese es el coste real de ignorar los objetos brillantes. Perderás oportunidades por no haberlas visto a tiempo.
Y no me estoy centrando en herramientas o canales nuevos. Hablo de cambios en el comportamiento de tu audiencia. De nuevos competidores entrando en tu mercado. De cambios regulatorios. De tecnologías que hacen que tu ventaja competitiva deje de serlo.
Si no estás mirando, no te enteras. Y cuando te enteras, pierdes.
Al final, todo son señales
Cada objeto brillante que aparece en tu campo de visión es una señal.
A veces es una señal de que algo en tu mercado está cambiando.
A veces es una señal de que hay una forma más eficiente de hacer lo que ya haces.
Y habrá veces que será ruido. ¿Qué no es ruido? ¿Es siempre malo el ruido?
No sabes cuál es cuál hasta que te paras a mirarlo.
Ahí está el truco. Tener el radar encendido y estar atento, manteniendo tu ansia bajo control.
Tienes que saber cuándo una distracción es en realidad una oportunidad. Esto se entrena.
